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domingo, 14 de marzo de 2010

Antonia, un espíritu sin barreras

¿Qué decir? ¿Qué contar? ¿Qué subrayar? ¿Qué desvelar?
En este caso no preguntaremos Where is Antonia? Sino Who is Antonia?
Parece mentira, con todo el tiempo que la conozco y con lo que hemos vivido, que me cueste tanto describir a Antonia. Realmente podría comentar muchas anécdotas y sacar a la luz curiosidades pero me decantaré por aspectos realmente importantes.
En primer lugar, y como punto MUY destacable de su personalidad y conocido por todos aquellos cercanos a la susodicha, destacaré su “espíritu”. Sí, no os sorprendáis, la personalidad de Anto puede resumirse en tener espíritu para cualquier actividad: espíritu universitario, es decir, ir a almorzar al club social, ser compañero de todos sin ningún tipo de competición, salir tantos jueves como sea posible y por supuesto, realizar cenas y eventos en los pisitos estudiantiles. Sin duda, un espíritu y cualidad envidiable que debería poseer más de un universitario y que a todos nos ha conquistado.
Por otro lado, Anto tiene una virtud, me refiero a su voz. Esta muchacha de Pozo Lorente tiene una voz embriagadora, capaz de sucumbir a muchos. Digo esto porque en cualquier discurso transmite paz y tranquilidad.
Nuestro grupo de jinetas, del que Antonia forma parte, en numerosas ocasiones ha salido a festejar fechas señaladas como cumpleaños o simplemente, cualquier día en el que el despiporre fuera importante. Anto se apunta a todo, eso sí, no hablemos del día de después. ¡Ni los despertadores más potentes del mundo mundial! Antonia se acomoda entre sábanas y edredones y no hay persona que consiga sacarla de la cueva. Como mucho, puede abrir un ojillo lentamente y emitir un pequeño sonido indescriptible acompañado de la siguiente frase célebre: “cinco minutitos más…” Madrugar no entra dentro del espíritu Antoniano. Con relación a esta cualidad podéis todos imaginar su tranquilidad. Antonia no tiene prisa para nada, ni siquiera para andar, excepto en Irlanda donde, como un camaleón, se adaptó a la vida y se aplicó el turbo irlandés de tal manera que nos dejaba atrás a todos y cada uno de los españolitos que fuimos a visitarla.
En resumidas cuentas, ¡Anto, eres total! ¡Así te lo digo!